miércoles, 24 de septiembre de 2014

Fandermole: la canción y el poema



Porque alguien, en la Aduana o quién sabe dónde, borró los rasgos gráficos originales del apellido de su abuelo y lo tradujo según su oído, el holandés Van der Mole devino el litoraleño Fandermole. El nombre, apretado en su vieja cáscara extranjera, se fue amoldando al paisaje de la canción rosarina. Su sonido, como ciertas palabras, es a esta altura un ambiente, una atmósfera; incluso se redujo más aún y es casi una contraseña: “Fander”, que el mismo Jorge Fandermole usó para titular un nuevo disco doble –después de una pausa de 9 años luego de publicar Pequeños mundos–, que presentó el sábado 9 de agosto pasado en el teatro Príncipe de Asturias del Centro Cultural Parque de España. Este jueves, luego del Homenaje a Juan José Saer con que se iniciará el XXII Festival de Poesía, Fandermole subirá al escenario del teatro de Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza) a las 21, para hacer su Concierto Fluvial.

En una conversación sostenida hace un tiempo, con motivo de la salida de su nuevo disco, Fandermole nos contaba algunas cosas sobre su oficio con la música y la palabra.
—¿Cómo pensás la relación entre la letra y la música, o la letra y la poesía?
—Mi viejo, que cantaba tangos, es el que de alguna forma me asignó o me habilitó la voz cantante. Él cantaba y yo cantaba, incluso cantaba sin saber exactamente lo que estaba cantando, porque era muy chico. A lo mejor a los cuatro o cinco años cantaba cosas cuyo significado no conocía. Hace años, en la Isla de los Inventos, hicimos el legado musical a nuestros hijos y yo retomé una canción que era de las primeras que mi viejo me enseñó, “La Calesita”, de (Mariano) Mores y Cátulo Castillo, pero en aquél entonces era como si la cantara en catalán, porque una parte la entendía y otra no. Entendía: “Llora la calesita en la esquinita sombría y hace sangrar las cosas que fueron rosas un día” y, claro, una parte de la imagen a mí se me escapaba: “las cosas que fueron rosas un día”. Yo lo decía por su musicalidad y, por otro lado, “sombría” no sabía exactamente qué quería decir, pero yo la cantaba. Y está bueno porque esas cosas se fijan en la canción y después uno puede volver sobre eso. 
La Calesita [Tango] by Mariano Mores on Grooveshark

—La canción sería entonces eso de poder apropiarse de algo que no entendemos del todo, ni sabemos bien qué es.
—Claro, porque es una de esas cosas que se van olvidando y se van retomando. Porque después yo me olvidé de que cantaba “La calesita”. Y cada vez que la recordaba me acordaba distinto, porque tenía una visión diferente de lo que decía.
—Y ese cantar, ¿no tiene que ver con el idioma? O sea, es una voz que canta pero en un idioma muy particular, que no es necesariamente el español. ¿Una voz del litoral, del Río de la Plata?
—No, yo creo que a la canción hay que pensarla en una especie de lenguaje múltiple. Por supuesto que en la sensibilidad de uno está la lengua materna y hay como una especie de pico importante, pero a nivel de lo que provoca sensiblemente, no sé por qué, pero hay un sistema intuitivo vehiculizado en la canción. Cuando con un rudimentario inglés uno escucha a Sting o a Peter Gabriel, o a cualquiera de esas voces que tienen una carga especial, la canción llega y después uno a lo mejor se toma el trabajo de traducirla. Pero golpea igual, porque hay una fuerza especial en la voz cantante, en la voz que más toma la palabra, no la cotidiana, sino una extra-diaria, digamos, y a mí me parece que esa voz cantante es la que obliga a otro tipo de atención. La canción es un gran movilizador de sensibilidades, creo que es un género poderoso, capaz de llevar a una comunidad el lenguaje poético y dejar que el lenguaje poético ingrese o atraviese la lengua cotidiana, porque la gente no se encuentra con la poesía por los libros, se la encuentra en la letra de las canciones. Digo que la principal causa de que alguien cante un verso es a través de la canción.Río Marrón by Jorge Fandermole on GroovesharkChamarrón de proa by Jorge Fandermole on GroovesharkEl viejo y el río by Jorge Fandermole on Grooveshark

María Teresa Andruetto: contra la idea de poetas nacionales

Por Paula Bertolino




Aunque popularmente conocida por sus trabajos en el campo de la literatura infantil, la cordobesa María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, 1954) viene desarrollando en paralelo una profusa obra en el ámbito de la poesía, la narrativa, el ensayo y el teatro. También cuenta con una vasta experiencia como coordinadora de talleres literarios, tarea que desempeñó a lo largo de 25 años en los más diversos ámbitos. En esta nota  habla sobre la inscripción del paisaje en su poesía, comparte varios textos que sintetizan su busca estética y nos cuenta los poetas disfruta al tiempo que aclara que a la poesía fue siempre en busca "de algo de la vida misma".
-- ¿Cuál considerás que es tu ars poetica? ¿Hay algún texto tuyo o ajeno que la defina?
-- En cierto modo el poema "Autoretrato ante el caballete", que abre Beatriz (Argos, 2005) -sobre todo las dos últimas estrofas-, observa uno de los últimos retratos de Rembrandt y está dedicado a Alejandro Schmidt, con quien en una época hablábamos mucho de nuestras posturas estéticas. Esto complementado con otro aspecto más cotidiano que aparece en el  poema "Visita",que está en Kodak (Argos, 2001), donde aparecen los asuntos que suelen ir a parar a mis poemas: madre, hijos, padre, pérdidas, inmigración, lo social/político, la melancolía, los haceres domésticos, la oralidad, el ingreso de las conversaciones en la escritura, los rastros de las hablas y el lugar que me parece tiene la poesía en el mundo como un hacer junto a otros haceres, bajada de su pedestal y metida de lleno en la vida misma. 


También por supuesto, poemas (o frases de otros), principalmente el poema de Circe Maia que abre mi libro Kodak: “Trabajo en lo visible y en lo cercano / -y no lo creas fácil-. No quisiera ir más lejos. Todo esto / que palpo y veo / junto a mí, hora a hora / es rebelde y resiste. / Para su vivo peso / demasiado livianas, se me hacen las palabras”. Pero también la frase de Shitao que va de epígrafe en "Autorretrato ante el caballete": “El pincel sirve para salvar las cosas del caos.”
--¿Aparece la ciudad o el lugar donde vivís en tu poesía? 
-- Yo creo que sí, que aparecen mucho los lugares, pueblos, casas barrios donde he vivido. Muchos poemas de Kodak, casi todos, tienen que ver con Oliva, el pueblo de la llanura cordobesa, donde me crié. El poema "Víspera",que cierra ese mismo libro, es un poema sobre la construcción de la casa de las sierras donde vivo actualmente. El poema "Ahora que viene el tiempo de los pájaros", de mi libro Pavese (Adriana Hidalgo, 2003), es en parte lo que veía de la casa de Villa Allende donde viví veinte años, de sus veredas con fresnos y mujeres tomando mate, en fin, a la escritura he ido siempre en busca de algo de la vida misma, lo increíble de la vida “común y corriente”.
-- ¿De quiénes de tus contemporáneos te sentís más próxima? ¿Y de generaciones anteriores?
--No sé si próxima, leo mucha poesía que me gusta mucho (y también mucha que no me gusta, que me parece igual a otra y a otra y a otra), algunos de esos poetas no son próximos, tienen un modo de ser, de ver, y de entrar en la lengua muy distintos a mí y también muy distintos entre sí, o apenas se tocan con mis zonas en algún aspecto, pero quizás por eso mismo me gustan, me han permitido abrirme a zonas nuevas, espléndidos descubrimientos. Me parece redundante nombrar a grandes poetas de nuestra lengua leídos con mucha intensidad, sobre algunos de ellos he escrito, he hecho antologías, enseñado. Hablaría sin embargo de otros poetas, algunos contemporáneos de diversas generaciones que, más allá de lo que escriben, me hacen entrar en fuerte consonancia espiritual, me pasa con poemas de Roberto Malatesta, Raúl Mansilla, Susana Cabuchi, Jacobo Regen, Osvaldo Guevara, cierta época de Alejandro Schmidt; entre los más jóvenes Sandra Cornejo, Elena Annibali; muchos otros, no siempre con toda la obra, en algunos casos alguno de sus libros.
-- ¿Cuáles considerás que son los cambios más visibles en la poesía actual?
--La diversidad de estéticas y de circulación. A contracorriente de la monopolización estética de los años noventa, me parece algo muy bueno esta coexistencia de voces en el tejido de un cierto centón de poesía en el país. Detesto la idea de poetas nacionales absolutos, ya con voz cerrada/marmórea/definitiva, como ha sucedido en algún momento en Chile, en México, en otros países. No es un problema de los poetas, es un problema del mármol que “fija, limpia y da esplendor” a cambio de asfixia.

María Teresa Andruetto hará su lectura en la última mesa del Festival, el sábado 27 a las 20 en el CC Roberto Fontanarrosa, junto con Elvio Gandolfo (Rosario), Marilyn Contardi (Santa Fe) y Carlos López Degregori (Perú). Además, el viernes 26 a las 17 se presentará también en la Biblioteca Estrada (Servando Bayo 799) junto con los poetas invitados Christian Kent (Paraguay) y Ravi Shankar (India / EEUU). Presenta: Lidia García.

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Luis Eduardo García: poesía de la mutación

Por Oscar Bermeo

Cuando tenía 16 años, Luis Eduardo García (Guadalajara, 1984) tomó su primer taller de poesía. Fue en un local del Fondo de Cultura Económica, lugar que hoy comparte con nosotros a través de una foto. Quizás ahí empezó su ruta literaria, que fue alternando en los últimos años con el trabajo en su taller de reparación de computadoras. "Un trabajo no muy poético que digamos", contó en una entrevista con el diario El Informador. Tras ganar el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino, García emerge como una de las voces principales de la nueva escena azteca. El autor nos invita a revisar sus textos en Pájaros Lanzallamas




¿Cuál consideras que es tu ars poetica? ¿Hay algún texto tuyo o ajeno que la defina?
—No puedo contestar esa pregunta con certeza. Todo está en constante cambio; la escritura no se salva. Hoy podría decir que me interesa explorar la relación del poema con lo inestable y lo abierto, pero no sé si mañana mis preocupaciones sean las mismas. Somos influidos constantemente por decenas de ideas, sonidos, imágenes, lecturas, personas. De modo que no podría establecer contornos. Últimamente tengo muy presente una frase de Wallace Stevens que quizá sirva para resumirlo todo: “En la medida en que un hombre se familiariza con su propia poesía, ésta se vuelve tan obsoleta para él como para cualquier otro”. Claro, es aquí donde una voz macabra podría irrumpir y decir que mi ars poetica es la mutación.

¿Se hace presente la ciudad o el lugar donde vivís en tu poesía?
—Seguramente está presente. Inclusive si quisiera evitarlo algo se colaría por algún resquicio. Imposible es una palabra muy dura, pero lo más probable es que esté bien empleada al decir que es imposible abstraerse de un entorno, de una ciudad, de sus habitantes y costumbres. Mi lenguaje está contaminado. Mi moral está contaminada. Escribir puede verse como una pequeña resistencia, lo sabemos, pero por más que te alejes de las olas, éstas de vez en cuando te mojan los pies.    

¿De quiénes de tus contemporáneos te sentís más próximo? ¿Y entre las generaciones anteriores, con quién tenés más afinidad estética?
Hablando de mexicanos, me siento cercano a poetas como Ángel Ortuño, Daniel Bencomo, Eduardo Padilla, Inti García Santamaría y algunos más. Encuentro en lo que hacen ciertas condiciones que también intento lograr en mi trabajo. En particular, una consciencia del movimiento en la práctica de la escritura poética —nunca progreso— que me interesa. Me siento lejos sobre todo de aquellos poetas que lamentan con gran nostalgia que los tiempos de lo bello, lo estable y lo puro parezcan haberse perdido en el caos de la incertidumbre.
Y bueno, tratándose de poetas sudamericanos, me gustaría decir que tengo afinidad con Leónidas Lamborghini y Juan Luis Martínez, aunque tal vez estaría confundiendo afinidad con admiración.

¿Cuáles creés que son los cambios más visibles en la poesía última?
—La poesía escrita recientemente —al menos la que entiende que estamos en pleno 2014 y no en el siglo XIX— sabe que los límites se han borrado. Veo un gran interés en las impurezas y en la irregularidad. En lo híbrido. Tachaduras, apropiaciones, intervenciones, arritmia, reciclaje, experimentación con soportes alternativos y recursos tecnológicos, etc. Esto me entusiasma. Encontrarnos con poemas que de entrada no parezcan poemas.  Luego, en ese punto es posible plantearnos dos cosas: o bien, efectivamente no son poemas, son otra cosa más potente y más divertida o claro, ni la poesía ni el poema son entes definidos (de lo contrario, hablaríamos de algo estéril o muerto) y todavía hay un vasto terreno para realizar pruebas nucleares.

La librería José Luis Martínez, del Fondo de Cultura Económica, donde Luis Eduardo conoció lo que es un taller de poesía. 

Luis Eduardo García leerá el viernes 26 a las 19.30 en el CC Roberto Fontanarrosa junto con 12 de los poetas que participan de la antología de poesía en lengua española 1.000 MillonesJulio Balcázar (Colombia), Martín Batallés (Uruguay), Francisco Bitar (Santa Fe, Argentina), Kevin Castro (Perú), Pablo Fidalgo Lareo (España), Jeymer Gamboa (Costa Rica), Charly Gradin (Buenos Aires, Argentina), Christian Kent (Paraguay), Glaem Parls (República Dominicana), Pamela Romano (Bolivia) y Caterina Scicchitano (Mar del Plata, Argentina). También el sábado 27 en la trasnoche (después de las 24) del bar Bienvenida Casandra, junto con Osvaldo Aguirre (Rosario), Pablo Fidalgo Lareo (España), Caterina Scicchitano (Mar del Plata), Christian Kent (Paraguay), Pamela Romano (Bolivia), Timo Berger (Alemania), Fabián Casas (Buenos Aires) y Mario Ortiz (Bahía Blanca).

martes, 23 de septiembre de 2014

María Teresa Andruetto: el taller y la propia escritura

Por Paula Bertolino


Si bien actualmente no brinda talleres literarios, durante gran parte de su vida María Teresa Andruetto fue una coordinadora activa –llegó a tener hasta 7 grupos semanales, pero eso terminó hace más de 10 años– y, según cuenta, desde aquella época quedó la “fama”. La vinculación poética con la palabra, tanto en poesía como en narrativa, ocupaba en esos espacios un lugar central. También las consignas restrictivas que buscaban fomentar el trabajo creativo, contrarrestando el deseo de extraviarse que abre la palabra. A pedido nuestro, Andruetto accedió a recordar parte de aquella experiencia tallerista
¿Durante cuántos años coordinaste talleres literarios?
—Los di durante 25 años, llegué a tener hasta 7 grupos semanales. Algunos de poesía específicamente, otros de género cuento y también talleres de estímulo a la escritura para niños, adultos y, sobre todo, para jóvenes.
—¿Siempre funcionaron en el mismo espacio?
—Los daba en diversos lugares y pasé por distintas épocas. Tuve talleres en librerías, centros culturales, en una residencia geriátrica, en una institución carcelaria, con mujeres en barrios, en mi casa, en un departamento que alquilaba en el centro. También di innumerables talleres en escuelas, profesorados, y a maestros.
¿Cómo era la dinámica de un encuentro?
—En los talleres de animación a la escritura, tratando de incentivar el deseo de encontrar una palabra propia, la dinámica siempre tuvo (en rasgos generales) tres momentos: un momento de lectura, estimulo, que finalizaba siempre en una consigna de trabajo (equivalente siempre a una restricción); luego un momento de producción silenciosa, de encuentro de cada uno consigo mismo; y finalmente un momento para compartir con otros lo que se ha escrito.
En cuanto a los talleres de revisión/supervisión de escritura eran muy distintos. Los participantes debían llevar un cuento o unos poemas y trabajábamos a partir de ese material, haciendo sugerencias, aportando lecturas.
¿Qué lugar  tenía la poesía en tu taller?
—Hablo siempre en pasado porque estoy refiriéndome a experiencias de hace ya bastante tiempo, pero siempre tuvo un lugar importante, la vinculación poética con la palabra (el peso del sonido, la condensación, la síntesis), no solo para la escritura de poesía sino también para la de narrativa.
¿El trabajo con tus alumnos en el taller literario y el territorio de tu escritura personal funcionaban como esferas escindidas o se influencian entre sí? 
—Se influenciaban, siempre. El mundo del trabajo y el de la creación son mundos conectados, siempre.
—¿Desde tu rol de coordinadora y escritora, qué tipo de conocimiento pensás que se puede transmitir a los talleristas?
—Mucho de los procesos de escritura se aprende, entonces el paso por un buen taller puede acortar el camino hacia la propia escritura, también abre a lecturas que seguramente no se tenían, o a lecturas más atentas de lo ya leído. Se aprende también a escuchar la palabra del otro y a compartir la propia, para ver si entre lo que decimos y lo que quisimos decir hay o no distancia, en fin...
—¿Cómo fue tu formación como escritora? ¿Fue en el marco de alguna experiencia de taller literario, dentro del ámbito académico, de manera autodidacta, o de qué otro modo?
—Fue una formación de lectora, temprana e intensa. Después estudie Letras. No hacía talleres al modo convencional, porque cuando era joven no los había en mi entorno, pero en algún momento, hacia los treinta, nos juntábamos con tres amigas escritoras y hacíamos lo que podríamos llamar una suerte de auto taller, de consignas de trabajo, de enriquecimiento de lecturas. Luego, dar talleres, tener tantos grupos al mismo tiempo, cosa que hice como modo de vida por muchos años, fue un aprendizaje enorme para mí, el mayor de los aprendizajes, porque creo que nunca se aprende tanto como cuando se enseña.

María Teresa Andruetto hará su lectura en la última mesa del Festival, el sábado 27 a las 20 en el CC Roberto Fontanarrosa, junto con Elvio Gandolfo (Rosario), Marilyn Contardi (Santa Fe) y Carlos López Degregori (Perú). Además, el viernes 26 a las 17 se presentará también en la Biblioteca Estrada (Servando Bayo 799) junto con los poetas invitados Christian Kent (Paraguay) y Ravi Shankar (India / EEUU). Presenta: Lidia García.

Poesía para todos



El anuncio oficial se hizo el miércoles pasado en el Palacio Pizzurno, sede del Ministerio de Educación nacional, por el mismo ministro Alberto Sileoni, quien presentó los 80 ejemplares de la colección Juan Gelman que esa cartera distribuirá en todas las escuelas secundarias e institutos superiores de formación docente del país y que cuenta en su catálogo a más de 500 autores de la Argentina y el mundo.
“Nos estaba faltando una buena presencia de poesía en las escuelas; no es la primera vez que distribuimos textos poéticos, pero nunca lo hicimos en forma de colección específica”, dijo entonces Sileoni.
 Abajo, la edición original de 30.30. Arriba, la que se hizo para la colección Juan Gelman.

La colección reúne desde Gelman a Raúl González Tuñón, del alemán Paul Celan a los versos de Spinetta, de Atahualpa Yupanqui a Ernesto Cardenal, de Jorge Luis Borges a la santafesina Diana Bellessi o desde el británico W.H. Auden a la uruguaya Idea Vilariño. Pero los más jóvenes y contemporáneos pueden leerse en 30.30, poesía argentina del siglo XXI, una antología editada por la Editorial Municipal de Rosario (EMR) con motivo del XXI Festival Internacional de Poesíade la ciudad, realizado el año pasado, y que este jueves comienza su vigésimo segunda edición.
Antologado por Daiana Henderson, Francisco Bitar y Gervasio Monchietti –los tres jóvenes poetas santafesinos–, el 30.30 está integrado por poemas de treinta poetas argentinos de hasta treinta años (en 2013, cuando se publicó). “El lector podrá encontrar –dice Henderson– parentescos y contrastes entre los 30 poetas. Sin embargo, una característica común que yo destacaría es el interés que muestran los textos por ir a la parte más viva de la lengua, hay una reactualización que se produce al conectar las herencias lingüísticas y poéticas con la realidad. La realidad no aparece aquí como un afuera. De hecho no hay un adentro y un afuera. La poesía en esta camada de poetas jóvenes se entreteje con la realidad múltiple y con los usos de la lengua, también múltiples: el diálogo, el chat, lo epistolar, las canciones, los cánticos en las canchas de fútbol, las noticias en los diarios, el relato biográfico, las jergas, los regionalismos, los modismos de los barrios y un larguísimo etcétera”.

Pero a su vez, el interés desde el ministerio nacional por el libro –fue el mismo Sileoni el que encargó al equipo coordinador de la colección Juan Gelman que se reparara en la antología de la EMR, lo que señala a la vez la buena relación entre la editorial y la secretaría provincial de Industrias Culturales– llevó a la editorial del estado municipal a reformular su trabajo, ya que de imprimir mil ejemplares, como tuvo la primera tirada, debió pasar a 12 mil volúmenes, según el pedido de la cartera de Educación.
Oscar Taborda, al frente de la EMR, no se entusiasma tanto con el extra que tendrá la editorial por la compra del ministerio, que no es tanta –los 12 mil ejemplares fueron vendidos a la mitad del precio al público, que es de $100–, sino a la enorme ventana que abre la distribución nacional y en escuelas del 30.30.
Por primera vez el estado nacional hace una compra de esa magnitud a la EMR, que hasta ahora no había entrado en el blanco de las compras de la Conabip (la comisión que administra las bibliotecas populares) y que, excepcionalmente, adelantó el pago por los ejemplares –cosa que no gravitó de manera fundamental en el trabajo de la EMR pero le permitió a ciertas editoriales pequeñas que editan poesía poder cumplir con las compras de papel e impresión.
“La colección –dijo el ministro Sileoni en un acto en el que estuvieron, entre otros, nietos de Gelman, el director de la biblioteca Nacional Horacio González y el mismo Taborda de la EMR– tiene poesía sencilla y más compleja y vamos a hacer lo que hacen los buenos docentes, que es confiar en los estudiantes, porque esperamos mucho de ellos”. Y agregó: “La poesía en la escuela no se enseña en general demasiado bien, se descompone el poema y se analiza la rima dejando a veces relegada la emoción, cuando lo que queremos es profundizar un modo de transmisión distinto. No alcanza con que la caja de libros llegue y descanse en la biblioteca, hay que trabajar mucho para que los libros se usen hasta exprimirlos hasta la última letra”.
Esta súbita expansión del trabajo de la Editorial Municipal no es un golpe de suerte, desde luego, tanto el Festival de Poesía –de donde surgió el libro– como la EMR trabajan desde hace tiempo en una suerte de laboratorio de la lengua y lo que podríamos llamar “la zona” –que es un término que trae el eco de Juan José Saer, autor al que este año homenajeará el Festival de Poesía–, generando colecciones en las que escriben autores de Rosario y la provincia, llamando a concursos con jurados ejemplares que dieron a conocer a algunos de los poetas más intensos de las nuevas generaciones de la ciudad y reeditando a los clásicos de Rosario.
Los 12 mil ejemplares que, se espera, la EMR distribuirá al país junto con todas las otras editoriales convocadas a través de una empresa de correo desde Buenos Aires, irán acompañados de un cuadernillo didáctico que permitirá contextualizar y leer algunas líneas de los poemas, acaso para ayudar, para retomar las palabras de Sileoni, a que “los buenos docentes confíen en los estudiantes”.

Casi un millón de libros
La iniciativa del Ministerio de Educación de la Nación de enviar libros a las escuelas –entre ellos la colección Juan Gelman–, prevé la distribución de 960 mil tomos en unos 10.837 establecimientos educativos: Implicó una inversión de 70.000.000 pesos y para elaborarla se contó con el asesoramiento de la Comisión Asesora Nacional (CAN), integrada por especialistas en literatura de varias provincias.

Colección juvenil
La Editorial Municipal de Rosario cerró ya su convocatoria 2014 al premio de narrativa Manuel Musto, que este año tuvo como novedad la incorporación de una nueva categoría, la juvenil, para la que ya evalúan la creación de una colección juvenil de relatos. Llegaron en total 173 originales, de los cuales 32 pertenecen a jóvenes de 13 hasta 20 años. “Hay mucho FanFic”, dice Daniel García Helder, editor, al referirse a un nuevo tipo de género desarrollado por lo general por jóvenes que eligen como personajes de sus ficciones a los de otros relatos o historietas muy difundidos.

Johnny Jungle
El jueves siguiente al anuncio oficial de la colección Juan Gelman, Oscar Taborda participó de la apertura de Comicópolis –en el predio de Tecnópolis, en la entrada de Buenos Aires–, el primer Festival Internacional de Historieta, un encuentro que promete replicarse con un perfil que apunta tanto a los amantes del género como a incentivar la industria y se desarrolló hasta el domingo pasado. Allí, la edición de la historieta Johnny Jungle, que la EMR realizó asociada al festival rosarino Crack Bang Boom, recibió el premio a la Mejor Edición Nacional de Historieta Extranjera. Johnny Jungle, de los franceses Jean Christophe Deveney, Jerôme Jouvray y Anne-Claire Jouvray, es una biografía imaginaria de Johnny Weissmuller, el primer Tarzán del cine.