domingo, 29 de septiembre de 2013

El homenaje a Góngora

por MB

En esta entrevista Héctor Piccoli repasa la figura de Luis de Góngora y Argote, muestra su importancia actual y analiza algunos aspectos de su escritura en ocasión de los cuatrocientos años de la primera edición de las Soledades.

Héctor Piccoli y Claudio Sguro en el homenaje a Góngora. Fotografías de Guillermo Borella.












Una vuelta por la feria: los libros que vendrán

por MB y AP

Fotografía de Guillermo Borella.


Estuvimos dando un paseíto por la feria de editoriales para charlar con los editores y preguntarles, entre otras cosas, qué proyectos tienen, qué libros nos traerán, quizás, el año que viene. 


Black & Vermelho:Publica poesía de países extranjeros y edita dos libros por año. Para el próximo año piensa editar a una poeta brasileña y una argentina. 


Soquete terrorista: Trajo a la feria un libro de poesía de Carim Dip (de Fray Luis Beltrand) que aún no presentó. Editará próximamente un cuento inédito de Adrián Abonizio.

Erizo: Va a editar la primer novela de Laura Rossi y un libro de ensayos del mexicano Luigi Amara.
La pulga renga: Próximamente editará un libro de poesía de Maia Morosano, que será el tercero en  la serie de chicas.


El ombú bonsai: Editará una novela de Pablo Bigliardi, Determinación y está buscando próximos títulos para la colección Raíces aéreas,que ya cuenta con cinco en su haber. 


Zindo & Gafuri: Editará Indeterminación, de John Cage; una reedición de El lado ciego de Carlos Battilana; una antología de Karmelo C. Iribarren, No hay más; No transpira, de Rubén Enrique Guerrero; La conspiración de las perlas que transmigran, de Ana Claudia Díaz y un libro de Brian Eno.


Iván Rosado: Presenta en esta feria el libro de Fernando Callero Al rayo del sol, que reúne ocho títulos publicados entre 1998 y 2013. A fin de año editará un libro de poesía de Tomás Boasso, El entusiasmo, como parte de la colección Brillo.


El ojo del mármol: Tiene intención de publicar el año que viene una antología de poetas latinoamericanos en dos volúmenes.


EMR: Presenta en el festival 30.30. Poesía argentina del siglo XXI; tiene en imprenta un libro de ensayos críticos de literatura de María Teresa Gramuglio, Nacionalismo y cosmopolitismo en la literatura argentina. También editará a los ganadores del premio Felipe Aldana: José Ignacio Sainz, Daiana Henderson y Sol Figueroa; y el año que viene publicará el segundo premio y las menciones de este concurso.

Ciudad gótica: Publicará en lo que queda del año entre ocho y diez libros (novela y poesía). También planea entre fin de este año y el año que viene hacer ediciones de mayor tirada de algunos best-sellers de distintos lugares del mundo; por ejemplo, una novela autobiográfica de un ex-narcotraficante colombiano, mano derecha de Pablo Escobar. Por último planea también la edición de algunos libros-objeto para regalos empresariales, como la redición de Futbolera de Jorge Isaías y La cocina del bicentenario de Lucrecia Mirad.

sábado, 28 de septiembre de 2013

El changuito de Santiago Venturini

Venturini fotografiado por Micaela Pertuzzo.

Venturini le aumentó varios kilos a la valija. Se lleva: El rayo de sol, de Callero; La edad de plata, de Echevarren; Paterson V, de Carlos Williams; Narración, de George Oppen; 18 éxitos para el verano, de Mauro Lo Coco; VHS, de Patricio Gringberg; y Krakatoa, de Anibal Cristobo.


Fotografía de Guillermo Borella.
















Gran abrazo gran

Fotografía de Micaela Pertuzzo.


La mirada precisa.

El changuito de Daiana Lattini

Fotografía de Guillermo Borella.

Daiana (Rosario, 1988) se lleva Boedo, de Fabián Casas; Bésame de nuevo, forastero, de Pedro Lémebel; y Crucero ecuatorial, de Diana Bellessi.

En armonía

                                                   Fotografía de Guillermo Borella.



La armonía vital de Ce Ulla

El changuito de Pablo Javkin

Sebastián Riestra y Rafael Ielpi en la presentación de El vicio absoluto. Fotografía de Guillermo Borella.

Javkin, que vino a la Plataforma Lavardén a ver el homenaje a la reedición de El vicio absoluto, de Rafael Ielpi, pasó por la feria y se llevó tres libros: Cortada, de poetas rosarinos; Yo soñaba con comprarme una combi, de autores santafesinos; y Medio metro cuadrado de coexistencia, de Irina Garbatzky. Tal vez les entre en los tiempos muertos de la campaña.

Léame el ataque del gato del infierno

Con Sol Figueroa nos cruzamos varias veces en la feria de editoriales. Compró El gato del infierno, de Stephen King, Ataque de pánico, de Juan Xiet, y Léame, de Nicolás Di Candia.
Fotografía de Guillermo Borella.

El oráculo de Delfos

Breve escena de la clínica de poesía, que se desarrolló a la mañana, durante los días del Festival en la Biblioteca Argentina.

por Anaclara Pugliese

Carola Brantome y Diana Bellessi en la lectura final del XXI Festival. Fotografìa de Guillermo Borella.

Las dos manos se mueven en el aire. Buscan el ritmo del poema. Lo intuyen apenas. Las yemas de los dedos pulsan suaves castañuelas invisibles. Parecen querer desprenderse del papel definitivamente. Diana Bellessi lee con el vaivén de su voz de cantora de coplas en la Sala infantil y pedagógica de la Biblioteca Argentina, donde se desarrolla la Clínica de Poesía del Festival.
—Bueno querido Esteban ¿te sirve de algo esto que te estamos marcando o te sentís horrible?
—Las dos cosas —responde Esteban y todos nos reímos.
—Este poema me gusta porque tiene muy pocos elementos, tiene dos o tres cositas, está hecho casi con nada.
Una mujer vestida con una campera de hilo de un rosa estridente cuchichea que el poema podría ser “tranquilamente un cuento corto, tranquilamente”.
—A mí me gustan los poemas narrativos —continúa Diana—, que cuentan un cuentito, porque la poesía también es el arte de narrar, sólo que la poesía narra de otra manera. Que alguien lea este poema con una voz simple, por favor, porque se ponen nerviosos y leen para el culo. ¿De qué se ríen? ¿De que dije culo? Soy bruta, ¿no?
Empieza a leer una chica con voz simple. Cuando termina, Diana pide que comenten el poema.
—El poema está adentro, no está en lo que decís —le dice a Esteban Carola Brantome, con un acento nicaragüense que amontona un poco las sílabas.
—Pero no entiendo lo que decís.
Otros tampoco entendieron.
—No te lo puedo explicar —y mirándolo a los ojos como queriendo hurgarle adentro—: vos sabés lo que te estoy diciendo, vos sabés.
—¿Qué más ven en este poema?—coordina Diana.
—Para mí el segundo verso hay que sacarlo—de nuevo, Carola.
—Pero ese es el verso que más me gusta.
—Y bueno, ¡justamente por eso lo tenés que sacar! —afirma mirándonos a todos como si se tratara de una obviedad.
—Carola es el oráculo de Delfos —superpone Diana, sobre las risas de todos—. Bueno, ahora no se va nadie, porque vamos a leer unos poemas de Francisco Madariaga. Acá tenemos el micrófono ¿Quién quiere leer?
—Yo —dice la chica de voz natural, y se va sentando con Diana, delante del micrófono. Intentan prenderlo, pero no funciona.
—Si no lo leo en voz alta y listo.
—El micrófono es para que se muevan las piedritas que están debajo de este cemento y las nubes del cielo —responde Diana, y mientras va moviendo los dedos como piedritas. Las manos como nubes.

San Centeno

Fotografía de Micaela Pertuzzo


Pablo Natale, el santo de los bosques de Centeno

Peluquería interior de lengua y literatura


De paseo por la feria en el primer día del festival, Judith Podlubne compró Peluquería masculina, de Silvio Mattoni, El paisaje interior, de Mirta Rosenberg ("Dos ejemplares, uno para regalar", dice Judith), Cuadernos de Lengua y literatura, de Mario Ortiz ("Para regalar"), y Lengua materna, de Philipe Jacotot.
Fotografía de Guillermo Borella.

Barroco y neobarroco, por Héctor Piccoli


Fotografía de Guillermo Borella.

Palabras de Héctor Piccoli en torno al barroco histórico y el neobarroco extraídas de una entrevista hecha por Osvado Aguirre para Bazar americano:
 "Estoy convencido de que hay errores básicos, generalizados, en el tratamiento del tema. Se habla mucho de neobarroco, de barroco americano, de esto y aquello, pero se desconocen y se confunden las leyes básicas de producción de sentido del barroco histórico. Gran parte de lo que se llama neobarroco no solamente no tiene que ver con el barroco, sino que está en abierta contradicción con los principios básicos de funcionamiento de la economía significante del barroco (histórico). Te puedo dar un par de ejemplos (que repito siempre en las clases): 1) el barroco histórico nunca transgrede el límite de la gramaticalidad; puede complicar la sintaxis, torsionarla hasta un límite impensable (como en Góngora), pero siempre vas a tener la posibilidad de re-estructurarla. No hay agramaticalidad, no hay anacoluto, cosa que hay en gran parte de la poesía llamada neobarroca o ‹neobarrosa›… Éste es un rasgo de gran importancia, porque involucra la entera cosmovisión del barroco: sería impensable que el barroco pudiera transgredir la gramaticalidad; tal cosa implicaría romper el orden del mundo, de ese mundus symbolicus, un mundo ordenado, un sistema de correspondencias. Sería como pensar que hubiera una frase musical de Bach que estuviera ‹suelta› de la composición, o que desafinara. Es imposible, no entra en la concepción del mundo barroca; 2) el barroco no procede sólo por mera acumulación (operada, por supuesto, como un rasgo más, por ciertas figuras, por ciertos recursos sintáctico-retóricos), sino más bien por hiperestructuración, por sobredeterminación de los elementos en juego… Y así sucesivamente.
Por otra parte, estoy convencido de que el barroco tiene mucho que decir a nuestra contemporaneidad, por paradójico que parezca, mucho más que más de un ‹-ismo› de décadas atrás.
–¿Por qué?
–Por lo arquitectónico de su visión, por lo matematizante, por el componente constructivista del barroco histórico. Eso es absolutamente congenial con el modo de producción (y de creación) de la sociedad contemporánea, aunque explícitamente reneguemos de ello. Hay división del trabajo, hay matematización, hay cálculo, todo está signado por el cálculo. Ése es el verdadero signo de la época. (Y yo estoy antes del posmodernismo.) De ese signo se desprende el imperativo de contemporaneidad, al que el arte ha, por cierto no de un modo mécanico, de responder. El arte tiene que responder a su época, si no, no es genuino. El problema radica en saber leer los signos genuinos de la época, en no equivocarse. Cuando hablo de una mirada al barroco no pienso en imitar al barroco histórico: eso sería absurdo y absolutamente imbécil; pienso en tomar el pasado para aprovecharlo en el presente. Esa época tan alejada de nosotros, con la que median tantos siglos, de condiciones socio-históricas tan disímiles (la sociedad de la contrarreforma, en el caso del barroco meridional, ¿no?); que con semejante desfasaje pueda haber coincidencias, es un hecho que no nos soprende en la historia del arte ni en la historia de las ideas. Ya el marximo clásico trató el tema del desfasaje de la ‹superestructura›, en relación a la persistencia de nuestro gusto por el arte griego o la validez de pautas del derecho romano… Como te decía, el problema radica en no creer que los rasgos distintivos de la contemporaneidad están en la Coca Cola o en la última pavada que hacen circular los medios (...)"


Sebastián Morfes: Bahía Blanca como mito

Sebastián Morfes nació en Bahía Blanca en 1976 pero vive en Buenos Aires desde hace 10 años. Allí dirige Determinado rumor, una editorial digital de poesía de acceso libre. Le preguntamos cómo influye su lugar de origen en su escritura, quién de sus contemporáneos siente más cercano y cuáles de los autores publicados en determinado rumor tuvo mayor difusión y público. 



De barrios, tiburones y malecones


“Antes los pibes no entendían nada, llevábamos de una a Washington Cucurto y los pibes flasheaban. Pero después nos íbamos y nunca más veían una poesía. Era cómo un shock de poesía”. Quien habla es Federico Tinivella, coordinador del área de Cultura del Centro Municipal de Distrito Oeste, la zona que aglutina los peores índices socioeconómicos de la ciudad. Vamos en su auto a recoger a Ariadna Vázquez Germán para luego llevarla hasta el colegio N° 569 del barrio Santa Lucía, cerca del límite de la ciudad; territorio –como tantos otros- testigo del crecimiento de la violencia y la delincuencia organizada a fuego y plomo.

Federico explica que para lograr algo que tenga menos de shock y más de continuidad, hace unos años decidieron generar un ciclo de visitas poéticas a la escuela, con poetas de la ciudad, y que el poeta invitado al Festival llegue como la frutilla del postre. En rigor, en un rato nomás, Ariadna estará cerrando el ciclo“Los poetas hacen escuela”.

Llegamos al hotel, pero Ariadna recién empieza desayunar: jugo, café, ensalada de frutas; un típico desayuno centroamericano. Esperamos afuera y, casi como si fuera una necesidad, hablamos de poesía. “Una vez leí Pizarnik tratando de escribir novelas o cuentos y no va, no se puede sacar la poesía de encima”, dice Federico, que también es poeta, escritor y fotógrafo. “Naa, lee la poesía de Bukowsky”, me dice cuando le digo que sólo leí algunas de sus novelas y cuentos, y que no me gustaron. Le cuento que ayer, la lectura tumbera de Oscar Fariña me hizo cagar de risa, “voy buscar algo de él”, dice. Sale nuestra poetisa y partimos rumbo a la escuela.



“Hoy estoy bien, pero ayer me levante con una cruda, ¿cómo le dicen ustedes?”, dice Ariadna. Una resaca. Le recomendamos lugares para recorrer a la vuelta, y nos cuenta que hace unos días, en Buenos Aires, “se armó un rebulú” en medio de la calle. Unos de verde –que suponemos serán gendarmes- quisieron confiscarle la verdura a unos vendedores ambulantes, que se resistieron y la emprendieron a verdurazos contra los verdes. Nos pregunta si acá la gente está re loca en la calle, y hablamos de las distintas culturas viales latinoamericanas. Y también hablamos de otras cosas.

“La poesía en la isla es más bien lírica, medio barroca –nos explica-. Hay como dos estilos marcados, este, y uno que apareció en los 90, más directo, más soez. Yo estoy ahí, flotando entre los dos, en la lucha de poder escribir poesías sin adjetivar, pero es difícil”.
Recuerdo un poema que leyó ayer, “Lo primero es dejar el mar en las orillas”, de adn cien por ciento isleño, de chicas que van al malecón, a la barranca del mar, y se preguntan si es necesario morir. Me viene la imagen de la asfixia, de la aislación que el mar genera en los dominicanos, según Ariadna había descripto en la entrevista por correo de unos días atrás.

Entramos al barrio, territorio de árboles florecidos y de perros que mordisquean ratas. Se suman las poetisas rosarinas: Celeste Galiano y Alejandra Méndez. Los pibes deambulan por el patio sin hacerle mucho caso a nadie. “Te creció el pelo”, lo joden a Federico. El profesor de música, un muchacho de unos veinticinco años, experimenta la anomia en carne propia. Después de un rato de amansamiento, de formar una ronda y de generar las complicidades necesarias Ariadna se sienta en el medio y se presenta. “Alta nena”, dice un pibe de gorra y camiseta de Central, que genera risas en todos los compañeros. Hacemos como que no escuchamos. Ningún alumno se anima a decir en qué lugar del mapa queda República Dominicana cuando alguien lo pregunta. Una chica le pregunta cómo es. “Un lugar donde hay muchos tiburones”, responde Ariadna.

El pibe de gorra, que estéticamente parece un latino de Los Ángeles, es uno de los líderes, y hasta acá parece bastante insoportable. Si habrá silencio cuando Ariadna empiece a leer es todo un enigma. Parecen indomables pero cuando arranca la lectura, los 30 pibes de 2° y 3° año se calman.

**** 
Me resuena eso de que hay muchos tiburones en República Dominica, se me mezcla con el malecón, con las chicas que piensan en suicidarse mirando el mar. Más tarde, mientras volvemos le pregunto si era cierto eso que cuenta la novela de Vargas Llosa, La fiesta del Chivo, de que durante la interminable dictadura de Trujillo los disidentes eran arrojados al mar desde el malecón para que se lo comieran los tiburones. "Es cierto -dice-, había varios lugares desde donde los arrojaban". La forma más perfecta de desaparecer una persona.
***
La lectura sigue en Santa Lucia, entre el frágil y trabajoso equilibrio, entre las ocurrencias del pibe de gorra que hacen reír y distraer a todos. Sin embargo, ya cerca del final lo engancho: afuera pasa un camión haciendo ruido, y veo al pibe de gorra -si, al hinchabolas- cerrar la ventana para poder escuchar la poesía.

Versos para la oreja


¿Alguna vez pensaste que Cortázar te recitaría un poema al oído?

Poesía al instante

Por Delfina Amelong



Espacio laberíntico, onírico, con recovecos por doquier. Recorrer la Plataforma Lavardén, cargada de versos que transforman el aire, es una experiencia de esas en las que uno se olvida que el tiempo está transcurriendo.
Entro al ropero mágico, sigilosamente. Aunque advertida de qué había allí, no sabía con qué iba a encontrarme. Miro la escena, no quise interrumpir. El clima que allí se respiraba era casi irreal. Flotaba una atmósfera espesa. Espesa, espesa, otra dimensión. Quise sentarme contra la pared y me di cuenta que estaba apoyándome contra una pila interminable de libros. Libros hasta el techo, libros en las mesas, libros flotando. La luz tenue y un cuadro de “Medusa” me sugirieron que otra fuerza podría llegar a estar sosteniendo la pila de libros.
En ese cuadro está Fernando Callero, con sus pantalones ajustados, sus rulos crecidos, sus anteojos, y su ser. “Si querés decir la frase en inglés, no pongas «cerebral universal mix », mejor poné «cerébral univérsal mix », sugiere Callero en esta “gomería” literaria, donde “reparan tu poema en 5 minutos”. La autora del poema lo mira con atención, avalando su corrección. “La poesía tiene musicalidad, no es lo mismo «no seas tan cruel » que «no seas tan cruél » (no busques más pretextos)”.
Fernando toma lápiz y goma, es un maestro artesanal.

Escritura de canciones en el Roberto Fontanarrosa

por DA



Un pantallazo al segundo encuentro dictado por el Polaco Abramowski y Rubén Busi en el Roberto Fontanarrosa.
Poniéndole música, creando una canción a partir de las letras que llevaron los concurrentes. El proceso colaborativo hecho canción. 

Daft Callero

Fotografía de Micaela Pertuzzo.

Ya aclaró de entrada que le gusta la joda, por eso no sorprende que el jueves, con ganas de música, fue hasta el hotel, cazó la guitarra -de su hijo, decían en el bar- y volvió a Bienvenida Casandra. Arriba del escenario tocó Get lucky, el tema sensación de Daft Punk.

Jordi Doce: la ciudad traducida

Por Rosario Spina

En el pasillo que lleva hacia el salón de música del Colegio Parque de España hay varias aulas vacías. Las puertas tienen ventanas ojos de buey de donde cuelgan cartelitos con el nombre de cada departamento. A través de ellas se ven sillas y bancos perfectamente acomodados. Hasta allí, el primer piso, se accede mediante una escalera amplia, de esas que son tan cómodas que una no se da cuenta de estar subiéndolas.
Al final del pasillo se oyen murmullos. Antes de abrir la puerta pueden verse los alumnos acomodados en sus asientos. Cerca, Adriana Llosas, la vicedirectora del colegio. Al final de las hileras, frente a ellos, Jordi con Ana Celia y Rosario, las profesoras de Literatura Española. 


Pasen. El Festival en las escuelas está comenzando.


Fotografía: Micaela Pertuzzo

“La enigmática sonrisa del delfín, que algunos han creído vislumbre de inteligencia y otros tantos han figurado con pericia en incontables emblemas, no es tal vez sino la sonrisa de quien ha olvidado trayecto y destino y se entrega ligero al puro placer del avance…” 


Jordi pronuncia cada sílaba con detenimiento. Pero esto, esta lectura, sucederá más tarde. Jordi leerá sus poemas y luego algunos chicos le harán preguntas. 

Ahora, antes de la lectura y de las preguntas, una alumna pasa al frente y lo presenta. Y más o menos esto es lo que dice:


"Jordi Doce es doctor en letras por la Universidad de Sheffield. Ha sido lector de español  en esa Universidad y también en la de Oxford. Ha traducido la poesía de William Blake, T. S. Eliot, Ted Hughes, Charles Simic y Charles Tomlinson, Además, es autor de los poemarios Lección de permanencia, Otras lunas  y Gran angular. En prosa publicó Hormigas blancas, Imán y desafío y Curvas de nivel y Perros en la Playa."


Fotografía: Micaela Pertuzzo

Luego de la presentación, Jordi cuenta sobre su oficio: 


La poesía es fijar algo del tiempo, algo del espacio y algo del mundo, en el papel. En mi caso, hay una cierta fascinación con cómo funciona el lenguaje y voy trabajando en esa dimensión.

Explica que su poesía tiene muy presentes los elementos geográficos. Que trata de proponer un gran juego con lo no realista y con una cierta distorsión en la percepción. Para eso, relata una anécdota de cómo llega a uno de sus poemas:


Hace tiempo vi un documental de U2 donde se muestra al grupo grabando un video en una ciudad medieval árabe. Las calles estaban cubiertas de toldos, de sabanas amplias, para evitar que el sol caiga a pico. Viendo ese documental surgió el poema de una ciudad imaginaria. Así escribí "En algún lugar".

(Nótese en este punto que usted, lector, posiblemente haya deletreado el nombre del grupo irlandés como “iu chu”. Pero Jordi pronuncia “u dos” y los alumnos sonríen discretamente ante  la evidencia de un idioma así, como desnudo.)


El poema, dice esto: 


“Vives en una ciudad donde el trazado de las callejas se parece peligrosamente al de tu corazón. Una ciudad donde las manchas y desconchones de los muros son ventanas que siguen tus pasos, puertas que nadie se atreve a franquear. Donde la ropa tendida propaga mensajes cifrados y los ojos vidriosos de los peces intercambian miradas de reconocimiento con las monedas de cobre de los criados. Una ciudad de torres y alminares que cambian cada día de lugar, de alfombras que vuelan por dentro de los ojos, de lámparas que esconden su propia luz. Una ciudad donde al atardecer grupos de muchachos y ancianos se reúnen en lo alto de las murallas para mirar la explanada del río, el lingote fundido del sol iluminando la vega, las espigas que vibran al más ligero soplo.”


Luego de más lecturas, del puro placer de dejar a la poesía dialogar con el pensamiento, viene el tiempo de las preguntas. Una alumna se mira las puntas de un mechón de pelo. Otra, con unas uñas azul eléctrico apasionante, se anima y levanta la mano antes que nadie. Varios le siguen detrás. 


Fotografía: Micaela Pertuzzo

Si a partir de las respuestas tuviéramos que hacer, por ejemplo, unas “citas citables” de Jordi, estas serían las elegidas:


“Cuando uno escribe ciertos poemas lo hace como una forma de homenaje y de apropiación”


“Ayer Diana Bellesi decía que cuando nada sucede, algo está sucediendo. Hay que tener mucho ocio mental para cualquier tarea creativa. Ahora mismo los móviles quitan muchísima energía. La idea es dejar que no suceda nada para que precisamente suceda algo. Entrar en un estado de concentración relajada o de relajación concentrada.”


“Para poder sentarme a escribir tengo que tener algo. No vale sentarme sin la idea. Tengo que tener un verso, una imagen, algo que surge durante el día. Y luego tengo que desarrollar eso y poder escribirlo. A veces aparece en el momento más impensado.”


“Siempre desconfié del artista que coloca su ego y su vanidad. Yo también tengo mi pequeño ego y mi pequeña vanidad pero trabajo todos los días para no imponérselo a los otros.”



En el ropero mágico


Un vistazo por el ropero mágico donde reparan tu poema.

Sobre "Los poetas hacen escuela"


Por Rosario Spina

Cuando cubrimos la charla de Fabricio Estrada, Andrea Ocampo aprovechó para contarnos sobre las actividades que organiza el Festival en conjunto con los Distritos:


Fotografía gentileza Escuela 615



"Hay una intencion de descentralizar el Festival de Poesía. Entonces todos los Distritos trabajan en conjunto con él para que los poetas puedan conocer otras partes de Rosario, otras comunidades lectoras. Nosotros somos del Distrito Sur, y junto con el Festival organizamosuna lectura y charla del poeta Fabricio Estrada en la Escuela República del Perú.  Hace un par de meses estamos trabajando en esto. Trajimos a la escuela material sobre el poeta y se hicieron escrituras basadas en algunos de los poemas de Fabricio acorde con el interés de los chicos. Incluso en uno de los cursos llevaron el poema a casa y los padres escribieron qué pensaban acerca de la nieve y el mar. Eso está expuesto en la Escuela.
Tambien vino a participar de la charla el taller de escritura del Distrito Sur y una escuela invitada. 
Resultó algo hermosísimo porque pudimos ir trabajando y aprovechando al máximo desde antes de la llegada del poeta. Se trata de que los chicos de esta escuela tengan la oportunidad de conocer a un escritor y sobre todo pensar que si alguno de ellos elije ser poeta, también lo puede ser."

Fabricio Estrada visita la Escuela 615

Por Rosario Spina

Una nena de pelo largo, muy largo, está sentada en una de las últimas sillas. Se hace un rodete bien alto mientras escucha responder a Fabricio Estrada (Honduras, 1974) las preguntas de sus compañeros, los chicos de la Escuela 615 “República del Perú”. También participan de la charla, organizada en conjunto por el Festival Internacional de Poesía y el Distrito Sur, alumnos de D.I.N.A.R y asistentes al Taller Literario que dicta la poeta Andrea Ocampo.


La nieve ¿es una obsesión?


Es el segundo día de Los poetas hacen escuela.

Pasen y vean.



Fotografía gentileza Escuela 615



Fabricio Estrada les habla a los chicos como un hermano o un tío más grande. No por eso deja de aproximarlos a conceptos fundamentales de la poesía:

Me inspiro de respirar. De aspirar lo que me inspira. No hay un toque mágico; uno debe tomar la vida, debe tomar el vaso, debe tomar el libro, uno debe sentir la vibración natural de las cosas: ésa es la vida. No hay inspiración para mí, no puede haber inspiración cuando debemos aspirar la vida y tocar la vida.

Hay una densidad poética en todo lo que se dice. Pero una puede desplazarse por esa densidad livianamente, como por el agua. Son ideas que dan ganas de anotarlas, de grabarlas y por supuesto, de quedarse flotando en ellas.


Fabricio introduce cada una de sus lecturas con un relato en el que cuenta cómo escribió ese poema. O quizá, cómo ese poema lo escribió a él:

En 2004 estuve en un festival en Estocolmo, Suecia. Yo quería que el festival se extendiera para ver la nieve. Me quedé algunos días más. Pero no cayó. Solo la vi desde el avión, sobre los Pirineos. Por eso escribí esta poesía que se llama “La nieve es una vitamina”:

Cuando sueño con nieve

ninguna hoja en blanco sobrevive.

Al despertar, copos de papel llenan con su ventisca

las horas del trabajo, entre sorbos de Leteo

e imaginación barata

hago trizas currículos, noticias,

cualquier fragilidad impresa de dudosas propiedades.

De aquí supongo

que el lápiz es la estación del hielo,

un patín que rasga veloz a la llana palabra.

Claro está, que nunca he visto la nieve.

el granizo ha sido como un abrazo que se detiene,

una sonrisa a la cual, de improviso, se le caen los dientes.

pero he aprendido a vivir sin ella,

y qué lastima, porque con nieve

hubiera aprendido a amar las runas y a Kant,

al positivismo y al revisionismo, en fin,

tendría bonanza y frialdad, una abuela en las colonias,

vacaciones en Mallorca, pedantería de sobra

y en mis sueños, no habrían Blancanieves

ni esta mezcla de asombro y suspenso

que acompaña siempre

a todo soñador del trópico.



¿Te gustaría conocer otro lugar aparte de la nieve? —  lanza un alumno.

Me gustaría conocer la Patagonia. La veo como la destrucción del mito europeo con  todos esos bellos paisajes.
 Las preguntas que hacen los chicos recorren un camino variado: desde sus gustos personales hasta la forma en que él hace poesía. Y cuándo y dónde sucede eso.



¿Cuál fue el libro preferido que escribiste?

No, no creo que haya libro preferido. Porque es como qué vida fue preferida para ti.

Son cinco partes de mi vida. Los egipcios tenían una concepción del mundo antiguo que era interesante: decían que no había padre ni madre. Que uno era el padre de sí mismo. Yo tengo ahora 38 años, soy el papá de Fabricio cuando tenía 15. Y el Fabricio de los 15 años era el papá de Fabricio cuando tenía 5. Pensando en eso creo que cada libro es el papa del anterior. 



¿Cómo se te ocurre lo que escribís?

Pues, yo pienso que voy en una motocicleta rrrrrrrr y que va ganando velocidad, y cada vez más velocidad, yo así me imagino. El paisaje cruza rápido, cruza rápido, cruza rápido. Y veo montañas, casas, que las voy juntando y de repente tengo un paisaje. Pero voy en una moto.

Fotografía gentileza Escuela 615


¿Cuál fue el primer poema que escribiste?

El primer poema que escribí fue uno ¡que copié! Fue para un concurso de poesía. Yo tenía alrededor de 12 años. Y lo que hice fue copiar a un poeta de los años 30. Entonces cuando el maestro lo leyó, me dijo: “Aquí tenemos un poeta. Yo sabía que iba a nacer un poeta en este pueblo.” Y yo me quedaba callado. Pero un año después un compañero de colegio me dijo: “¡Claudio Barrera! ¡Copiaste a Claudio Barrera!” Yo le decía que no, que no. Y ahí sacó el poema.

Luego de unos años, a los 17, fui al cine y estaban pasando la película The Doors con las letras de las canciones subtituladas. Yo leía lo que Jim Morrison cantaba y me fascinaba. Llegué a casa casi en trance total y ahí empecé a escribir. A los 17 años.



¿Qué otro país te gustaría conocer?

Me gustaría conocer otra Honduras. Otra Honduras como esta tranquilidad de Rosario. Una Honduras libre, eso es lo que quiero conocer.



¿Qué pensaron tus padres cuando les dijiste que ibas a ser escritor?

Yo crecí con mi abuela pero ella no le daba mucha bola al asunto. También estaba mi tía, que falleció hace poco. Y un día, cuando yo ya estaba totalmente convencido de que iba a ser escritor le dije:


- Tía, voy a ser algo importante

- ¿qué? ¿vas a ser presidente?

- No, no precisamente, no. Voy a ser escritor

Y ella dijo: - ahhh (un poco decepcionada)

  
Después, con el tiempo, yo le mostraba mis libros: “mira este, que acabo de publicar, o este otro”. Y al cabo de un tiempo, ella era la tía del escritor del pueblo.
Y después me decía: “Yo no te entiendo mucho, pero sigue escribiendo”. Y en el pueblo decía “Yo no lo entiendo, pero suena muy rico”.

Fotografía gentileza Escuela 615


¿Conociste la nieve?

No, no la he conocido. Yo tenía un diccionario que me regaló mi mamá a los seis años que fue mi diccionario de toda la primaria. Y siempre había allí una biografía de "Las Meninas" de Velázquez, y yo la mire siempre, toda mi primaria. Y tuve la suerte de conocer el Prado y ver esa pintura. Y yo decía: No, es más bello en el diccionario. Yo sentía más bello en el diccionario que la pintura misma que estaba ahí. Entonces sé que cuando me toque la nieve y esté parado en la nieve, no será la nieve que tanto había esperado. Todo está acá (y se señala la cabeza).



¿La nieve es una obsesión?

Sí, es una obsesión. Siempre que veo en la tele la nieve pienso en la idea de la navidad. Porque tenemos instituida la idea de la navidad americana y no la europea. Entonces hace 40 grados de calor en navidad y el arbolito hace efectos de nieve. Y si hay algo que a mí me recuerda la nieve es la navidad, que para mí siempre fue muy hermosa. Eso mismo decía un poeta: “Que algún día venga siempre la navidad sobre la tierra”.



¿Cómo hizo para hacer tantos logros?

No puedo definir el logro o el éxito en poesía. Seguí avanzando porque supe que no podía vivir sin esto. Y cuando uno avanza sabiendo que quiere hacer algo, comienza a ser exitoso como ser humano. Lo importante es que sigas tu ruta y que la disfrutes. Lo que hice fue seguir mi ruta. En la moto.